martes, septiembre 21, 2004

el discurso

Nuestra memoria funciona como mecanismo selectivo. Nos juega cada trastada. Hoy mismo, aquí frente a ustedes me pregunto: ¿Cómo sintetizar en tres cuartillas las experiencias vividas, el aprendizaje, el darse cuenta del peso de nuestros prejuicios ante un mil de nuevas posibilidades por explorar, la importancia de esa red de amigos que logramos construir, el trastocamiento de esos valores anclados en nuestra educación sentimental y familiar ante la diversidad y el pensamiento critico, los viejos y nuevos sueños que como generación de egresados tenemos. Qué momentos son importantes, cuáles hay que mencionar, cómo relacionarlos con este nuevo escenario en el que nos ha tocado vivir y en el que tendremos, vaya lío, que desarrollar nuestra vida profesional?

Cinco años atrás, éramos más jóvenes, teníamos algunas certezas y una idea no muy clara de eso que definen como la experiencia universitaria. Algunos ni siquiera podíamos reconocer si el entrar a estudiar la licenciatura en comunicación había sido la mejor decisión. En el trascurso de nuestra carrera han sucedido tantas cosas: la llegada de aquel misterioso siglo veintiuno que prometía tantas cosas, la alternancia política en nuestro gobierno, la apertura democrática y el ajuste de cuentas con nuestro pasado reciente, el 9/11 y una nueva guerra que, entre tantas cosas, modificaron la forma de entender al mundo. Cambios, cambios.

Y nosotros, mientras tanto, en las aulas, entre teorías de la comunicación y los talleres que nos darían, es un supuesto, las competencias requeridas para entrar al terreno laboral. Nosotros en los pasillos, saludando a los amigos, yendo camino al centro de computo, a la cafetería o a la biblioteca, sintiéndonos parte de ese pequeño porcentaje de mexicanos que tiene acceso a una educación superior. Nosotros, desvelados haciendo esa tarea justo el ultimo día de entrega; preocupados porque no queríamos que algo fallara en ese exposición de equipo; yéndonos de fiesta un día si y otro también; sacrificando esto y aquello para no perder la beca ganada a pulso o el enfoque de una posible maestría en el extranjero. Nosotros, compitiendo en planillas distintas para tratar de que las cosas en nuestra escuela de Humanidades fueran de otra manera. Nosotros, viéndonos de reojo, sin saber que al transcurrir los semestres estaríamos una tarde como esta reunidos celebrando el fin de un ciclo.
Hoy es un buen día para muchos de los aquí congregados. Padres, familiares y amigos comparten con nosotros la dicha que nos da este pequeño gran logro que puede ser o no significativo en nuestras vidas. Hay que recordar que un titulo universitario ya no tiene el mismo valor que antes y que cada semestre egresan decenas de Lic. en Comunicación que desgraciamente no encuentran trabajo, independientemente del nivel de preparación adquirido.

Sin embargo, el panorama no es tan gris y, en un arranque de emotividad, puedo decir que me siento orgulloso de formar parte de esta décimo octava generación de cimarrones. Veo a cada de uno de ellos, amigos y compañeros, a personas nobles e inteligentes que intentan dar el salto hacia empresas mayores, que tratan de buscarse un lugar en ese prometido estado de bienestar, que quieren encontrar una salida ante tanta mediocridad, que participan proactivos en diversas áreas ?mediática, cultural, académica, política- de la vida cotidiana tijuanense.

Los veo, desde ahora, haciendo las cosas que realmente desean al tomar el timón de su vida e intentando transitar por ella, como decía el maestro Pepe Toño, con el menor dolor posible. Eso es, creo, la felicidad y no los diplomas, el éxito económico o cualquiera otra cosa que nos venda el sueño del futuro como un esquema de consumo.

Mi querido maestro Lee mencionaba en sus clases de Filosofía el tremendo fracaso de la universidad si esta solo se dedica aumentar su performatividad y se olvida de su misión humanista, de su ideal de transformar al hombre en un ser humano mejor y no en lanzar jaurías de licenciados buscándose la vida. El saber es y será producido para ser, decía Lyotard. Creo que mis compañeros de generación no me dejaran mentir: Aquí estamos, gracias a un buen número de excelentes maestros y nuestro esfuerzo personal, preparados para lo que tengamos que enfrentar.

Este no es el final de una etapa, es simplemente un Alto y Siga su camino. Y si, es un día para celebrar como auguro habrá muchos otros en el trayecto de nuestra vida. Quien crea que esto es la cúspide, esta equivocado, la realidad nos obliga con sus dinámicas feroces a continuar preparándonos y tomar en serio la recomendación de Kapuscinski de hacer una constante profundización de nuestros conocimientos y nunca olvidar que la actualización y el estudio son la conditio sine qua non de nuestro campo.


Hasta luego UABCool
Enhorabuena, décimo octava generación de lic. en Comunicación.
Muchas felicidades.

1 comentario:

Monica Morales dijo...

Gracias por compatirlo!!!!

Saludos
Mony :)